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Dentro de pocos días celebramos la Semana Santa. Es esa semana dedicada a recordar y celebrar los eventos de la Pascua Cristiana remembranza de la pascua judía que celebraba el paso (de ahí pascua) del Mar Rojo hacia la tierra prometida. Para el cristiano, Pascua es la celebración del paso de Jesús de la muerte, de la rabia, del resentimiento, de la venganza, a la resurrección o vida nueva de la persona reconciliada, en paz.
Nada tan paradójico como el sacrificio de Jesús en la cruz, ofrecido como cordero para quitar, lavar, limpiar, los pecados del mundo. Es el misterio de la reparación vicaria y de la opción existencial, sublime y altamente evolucionada, que hacen las personas cuando logran perdonar y reconciliarse. Es el milagro que ejercen en la vida quienes saben redimir las inevitables limitaciones de las personas próximas y descubren entonces, en este modo, la potencia de la comprensión, de la ternura, de la misericordia.

Si existe alguna forma de medir la santidad de Dios es a través de la experiencia de su infinita misericordia. Si existe alguna forma de medir la grandeza de un ser humano es a través de su bondad y de su ternura sobre todo ante el reto de la ofensa y de la violencia.
La Fundación para la Reconciliacion proclama entonces ante el mundo que el camino hacia la paz sostenible pasa necesariamente por los difíciles pero liberadores caminos del perdón. El perdón entendido en dimensión más profunda es la capacidad de convertirse en cordero que quita los pecados de quien nos ha ofendido… los pecados del mundo.
¡Eso es celebrar la eucaristía! ¡Eso es hacerlo todo en memoria suya!¡ Eso es ser su discípulo!
De esta forma la Semana Santa deja de ser folclor, rutina, cumplimiento 
y se convierte en el ejercicio más profundo de la espiritualidad humana.
A todos Ustedes que nos leen, ¡felices pascuas!
Desde estas páginas, un saludo caluroso de la Fundación para la Reconciliación a Pedro Suárez (Comunicaciones), Aníbal Hernández (Proyecto Educativo -Colombia-), Angee Arévalo (Asistente del Director FPR - Bogotá), Andrea Urueña (Voluntaria de Centro de Reconciliación Ciudad Bolívar) y los misioneros de la juventud Carlos Enrique Cotes y Carlos Adrián Miranda.
Bienvenidos a esta gran familia. Vuestra experiencia y aportes serán útiles para el crecimiento y la consolidación de la cultura de reconciliación en Colombia y en el Mundo.
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