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El mundo globalizado lo hemos conocido gracias a las macro y micro geografías de la violencia. Hemos aprendido la historia, gracias al syllabus de la muerte, de las grandes masacres, de las venganzas históricas.

El caleidoscopio gira, y en el aparecen las imágenes de Treblinka, los Ghetos de Varsovia, Beirut, Bosnia, Mogadishu, los Balcanes, el 11-11, el M-11, la masacre de Columbine, se convierten en códigos de referencia para la enciclopedia universal de la exaltación del odio y la venganza. Timor Oriental, Iran, Afganistán, Camboya, el Tibet, South Africa, Argentina, Chile, Uruguay, El Salvador, Etiopía, Martin Luter King, Mahatma Gandhi, Las Madres de la Plaza de Mayo, Chiapas y muchos otros. Son hitos de referencia para el explorador del mundo reciente, para el arqueólogo del desencuentro. Son a la vez, archivo fundamental para proponer la pertinencia del trabajo por la globalización del derecho a la vida, al cuidado, a la ternura.

Hacemos un alto en el camino y nos preguntamos por el lugar de la vida, en el gran escenario de la violencia. Motivados por una profunda convicción vitalista creamos la Fundación para la Reconciliación con el propósito de contribuir al incremento de la riquezas inmateriales de los pueblos, expresado en el diseño de herramientas teóricas, metodológicas y didácticas que permitan la construcción de formas simbólicas y esquemas emocionales tendientes a la superación menos traumática posible de las contradicciones en la vida de los pueblos y de las personas, y a la superación de los quiebres en la identidad de individuos, grupos y naciones escindidos por la violencia.

Las macro geografías del oriente medio, del cercano oriente, del Pakistán y la India, los pueblos Israelitas e Ismaelitas, las religiones de Mahoma y Cristo, las etnias de los Tutsus y los Hutus, los Sikhs y los Shiitas, los Kurdos, los Ingleses, los Misquitos, las gentes de la Habana y la Florida. Tantos grupos nacionales, étnicos, religiosos, políticos, económicos identificados con el odio y la venganza.

Ahora, es el momento, para emprender la jornada del Perdón y la Reconciliación, la constitución de una gran carta magna que haga posible un Sistema Mundial de Reconciliación.

Tejer una red mundial de pedagogías para la paz, demanda la paciencia y el ejemplo de Penélope amorosa y tranquila, construyendo el refugio en que algún día reposará a través de los siglos, inmortalizado por su amor el guerrero de Troya.

Las micro geografías de cientos de jóvenes inmigrantes asaltando las calles de Paris, o el balón en cámara lenta congelando por la violencia de hooligans en cualquier estadio de Londres y Bogotá, los millones de niños abusados por la tragedia del maltrato familiar, las mujeres desheredadas del derecho a la ternura, constituyen otra poderosa razón para consagrar nuestras vidas al trabajo de la Reconciliación.

A las causas objetivas del malestar globalizado se suman las causas sujetivas del analfabetismo emocional y el analfabetismo moral, de individuos y naciones. Personas y países fracturados internamente por las secuelas de las violencias, reproducen el odio y la venganza en el vecindario, en la familia, en grupos y regiones. Así, los pobres con rabia se hacen dos veces más pobres.

La Fundación para la Reconciliación, tímida y pequeña organización sueña en gigante; propone un Sistema Mundial de Reconciliación, que más que una asamblea de Estados, consista en un gran foro de los pueblos, en donde la reconstrucción interior de personas, grupos y naciones constituya una primera intención, para que en consecuencia articulemos globalmente, redes de intercambio de modelos pedagógicos y esquemas culturales decididamente comprometidos con la vida.

Es pertinente, y la causa de la vida lo merece. Son miles de esfuerzos en la aldea global débilmente articulados ante el Goliat de la injusticia. Deberemos en consecuencia idear y promover medios y herramientas para mirar de frente y superar amigablemente al gigante de la irracionalidad de la violencia en todas sus manifestaciones con la irracionalidad de la reconciliación.

Son las violencias en gran medida, motivadas por universales de justicia afianzados en la punición y la venganza. La horca y el fusilamiento, son, guardadas las proporciones, extensiones de las quemaduras en las manos infringidas por la madre en la constitución del carácter moral de sus hijos ante el robo de unas monedas. Es pertinente inventariar las modalidades del castigo, avanzando en descripciones etnográficas. Sistematizar las creencias, mitos de referencia y cosmovisiones que ofrecen la venganza como alternativa en la educación moral.

Urge, al mismo tiempo, reconocer en el acervo cultural de los pueblos, formas diferentes a las del incentivo del odio y de la retaliación, como estrategias en la restauración de los vínculos deshechos por la agresión y el desconocimiento de los derechos, y generar desarmes de la palabra que faciliten diálogos interpersonales, intercambios inter e intraculturales que permitan ascender en la globalización del derecho a la vida y al amor.

 
 
 
 
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