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MEXICO
Perdon
 
EL GOZO DEL PERD�N LIBERA CORAZONES ENCERRADOS EN LOS BARROTES DEL RENCOR

La misión ES.PE.RE. nos envía este bello testimonio suscitado desde uno de los centros penitenciarios del país azteca, durante la Semana Mayor.

 

Por Consuelo Bañuelos Lozano
Coordinadora del programa ES.PE.RE México

 

Con ese nerviosismo que siempre da al iniciar algo, con esa esperanza que siempre tenemos quienes intentamos llevar el mensaje de Jesús.

Con expectativas, con alegría, con algo de cansancio, con frío y con el corazón lleno de amor, llegamos el lunes Santo al CEDIRESO (Centro Distrital de Readaptación Social), localizado en el municipio El Salto, Estado Durango. Ya son tres años de estar viviendo la experiencia, mismos que han servido para simplificar la logística, pero nunca el asombro.

Siempre vivencias nuevas, siempre palabras nuevas. Nueve en punto de la mañana, ahí estábamos el equipo humano de la misión lasallista: Francisco Hernández, más conocido como el Hermano Pancho, Alicia Sarmiento, Diego Mayagoitia, Rocío Hernández, Hugo Gasparri, Marcela Serrano y Jorge Arizpe; al día siguiente se uniría Anilú Cortés al grupo y la autora de este bello informe que brota desde un corazón desbordado de agradecimiento por tanta riqueza recibida.

Hugo y yo previamente nos habíamos puesto de acuerdo para ver detalles en cuanto a la implementación del Taller del Perdón, ya que los internos ya habían vivido la pedagogía ES.PE.RE  (Escuela de Perdón y Reconciliación) hace dos años, pero ahora sería distinto porque más de la mitad de las personas que en ese tiempo se ejecutó esta pedagogía habitaban el penal, ahora se encuentran disfrutando de su libertad, en el que deseamos que no sea sólo física sino también espiritual. El taller enfocado a la Reconciliación se trabajará después de implementar el Perdón en los nuevos beneficiarios de este centro reclusorio.

A pesar del frío inclemente, nunca se extinguió la calidez de cada uno de los internos mediante un cúmulo de sonrisas y miradas profundas que las suplían como manifestación de gratitud por nuestra presencia. Los internos de los penales siempre agradecen la visita de un minuto, cinco minutos o cinco horas o cinco días, la soledad en la que se encuentran les hace valorar la compañía segundo a segundo.

Ejercicios, reflexiones, puestas en común, rituales, todo fue haciendo que los 48 hombres con el alma lastimada que teníamos en frente, fueran haciendo un proceso de sanación interior.

 

El taller se desarrolló entre el miércoles y el jueves Santos; la despedida con el hermano Pancho junto con los internos se colmó de abrazos y emociones. Y es que realizar un Taller de Perdón en un espacio como éste, que en cualquier otro, siempre será diferente. Pero en especial esta clase de escenarios está habitado por individuos que provienen o de comunidades indígenas o muy alejadas que no saben leer ni escribir, pero eso no fue obstáculo para compartir su mente y su corazón, por lo que el equipo tallerista los apoyó de manera especial para que pudieran expresar sus emociones y vivencias en ese momentum pedagógico.

Jueves, viernes y sábado Santos, tuvimos también las celebraciones propias que la liturgia marca: lavatorio de pies, adoración a la cruz y el fuego nuevo. A la mayoría de los internos les encantó tener actividades religiosas a pesar de la diversidad de creencias, pero prevaleció un ambiente de respeto y al final se incluyeron de nuevo en aquello que piensan: “es para todos”; no cabe duda, el perdón siempre es para todos, no distingue ni discrimina, la paz interior nos corresponde a todos, es un derecho universal.

Una pequeña ceremonia de graduación, una película, un Cristo, una medallita de la Virgen de Guadalupe, fueron dando pie a iniciar la despedida, dolorosa para los internos, reflexiva para nosotros. No obstante, tenemos un motivo para regresar: hemos sido invitados para el próximo año, ilusionados todos por el hecho de volvernos a ver. Algunos saldrán porque han cumplido su condena, a otros los volveremos a encontrar; para algunos nuestras palabras quedarán marcadas, otros tal vez no las recordarán.

Lo que es un hecho es que para las nueve personas que tuvimos la dicha de participar en este penal durante la Semana Santa, la experiencia será inolvidable. En nuestros ojos estará la mirada tranquila y triste de quienes se animaron a vivir la experiencia del perdón. En nuestro corazón estará ese amor compartido de Jesús mismo: “Porque estuve preso y me visitaste”

Gracias Señor, escuchaste nuestra oración, esa que el sábado en la misa de envío hicimos al cantarte: “Llévame dónde los hombres necesiten tus palabras, necesiten mis ganas de vivir”. Les hemos dejado esperanza, nos llevamos amor. Les hemos dejado amor, nos vamos esperanzados.
 
¡FELÍZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

 
 
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