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A Colombia la hemos conocido gracias a las macro y micro geografías de la violencia. Hemos aprendido la historia, gracias al syllabus de la muerte, de las grandes masacres, de las venganzas históricas. Más allá de los factores objetivos de la violencia (pobreza, corrupción, desempleo, ausencia del Gobierno), las ciencias sociales comienzan a re-descubrir que existen factores subjetivos (la rabia, el rencor y el deseo de venganza) que juegan un papel importante en el escalamiento y perpetuación de la violencia.
El caleidoscopio gira, y en el aparecen las imágenes sobrepuestas del Naya, la Chinita, el Palacio de Justicia, los magnicidios de Gaitán y Galán, el exterminio de la UP, la hacienda Nápoles, La Catedral, Bojayá, Mapiripán...y los niveles de 28 y hasta 30 mil asesinatos anuales, que se convierten en topes escandalosos y códigos de referencia para la enciclopedia de la exaltación del odio y la venganza, de la acumulación de capital más salvaje aún que el esclavismo, del intercambio de sangre como droga perversa contra el rencor. Son hitos de referencia para el arqueólogo del desencuentro. Son a la vez, archivo fundamental para proponer la pertinencia del trabajo en la educación para la vida.
Hacemos un alto en el camino y nos preguntamos por el lugar de la vida en el gran escenario de la violencia. Motivados por una profunda convicción vitalista creamos las Escuelas de Perdón y Reconciliación ESPERE, propuesta central de la Fundación para la Reconciliación, con el propósito de contribuir al incremento de la riquezas inmateriales de los pueblos, expresado en el diseño de herramientas teóricas, metodológicas y didácticas que permitan la construcción de formas simbólicas y esquemas emocionales tendientes a la superación menos traumática posible de las contradicciones en la vida de los pueblos y de las personas, y a la superación de los quiebres en la identidad de individuos, grupos y naciones escindidos por la violencia.
Hacia un Sistema Nacional de Reconciliación y Convivencia
Ahora, es el momento, para emprender la jornada del Perdón y la Reconciliación, la constitución de una gran carta de navegación hacia el futuro que haga posible un Sistema Nacional de Reconciliación y convivencia. Tejer una red nacional de pedagogías para la paz, demanda la paciencia y el ejemplo de Penélope amorosa y tranquila, construyendo el refugio en que algún día reposará a través de los siglos su amor, inmortalizando con su gesto a la esperanza.
La Fundación para la Reconciliación, tímida y pequeña organización sueña en gigante; propone a través de las ESPERE un Sistema Nacional de Reconciliación, que más que una asamblea de pueblos, consista en un gran foro, en donde la reconstrucción interior de personas, grupos y comunidades constituya una primera intención, para que en consecuencia articulemos redes de intercambio de modelos pedagógicos y esquemas culturales decididamente comprometidos con la vida y la dignidad humana.
Las micro geografías de cientos de jóvenes inmigrantes asaltando buses en Ciudad Bolívar, o el balón en cámara lenta congelado por la violencia de las barras bravas en cualquier estadio de Bogotá, Cali o Medellín, los miles de niños abusados por la tragedia del maltrato familiar, las mujeres desheredadas del derecho a la caricia, constituyen otra poderosa razón para consagrar nuestras vidas al trabajo por la Reconciliación.
A las causas objetivas del malestar globalizado se suman las causas sujetivas del analfabetismo emocional y el analfabetismo moral, de individuos y comunidades. Personas y culturas fracturadas internamente por las secuelas de las violencias, reproducen el odio y la venganza en el vecindario, en la familia, en grupos y regiones. Así, los pobres con rabia se hacen dos veces damnificados, debilitándose para emprender con fuerza democrática la reivindicación de sus derechos.
Urge superar el criterio moral de castigo
Son las violencias en gran medida, motivadas por universales de justicia afianzados en la punición y la venganza. La motosierra, la tortura y el fusilamiento, son, guardadas las proporciones, extensiones de las quemaduras en las manos infringidas por la madre en la constitución del carácter moral de sus hijos ante el robo de unas monedas. Es pertinente inventariar las modalidades del castigo, avanzando en descripciones etnográficas. Sistematizar las creencias, mitos de referencia y cosmovisiones que ofrecen la venganza como alternativa en la educación moral.
Urge, al mismo tiempo, reconocer en el acervo cultural de los pueblos, formas diferentes a las del incentivo del odio y de la retaliación, como estrategias en la restauración de los vínculos deshechos por la agresión y el desconocimiento de los derechos. Es preciso generar desarmes de la palabra que faciliten diálogos interpersonales, intercambios inter e intra-culturales que permitan ascender en la globalización del derecho a la vida y al amor.
Urge elaborar nuevas narrativas y nuevos lenguajes
Las Escuelas de perdón y Reconciliación –ESPERE- creadas por la Fundación para la Reconciliación, son lugares de encuentro, en donde la diversidad cultural, política, religiosa y económica de los pueblos, cultiva la memoria y la palabra, en donde las versiones oficiales de los acontecimientos en las historias individuales y colectivas son reconstruidas en la perspectiva del reencuentro, de la verdad, de la justicia, de la reparación y el compromiso con la no repetición de los hechos violentos y las causa que los anidan. Es pertinente, reelaborar una escritura y un lenguaje nuevo: el lenguaje del perdón y de la reconciliación que apenas comenzamos a aprender.
En este sentido, la memoria ingrata en el recuerdo de pueblos, culturas y personas, amerita propiciar espacios de encuentro para exorcizar los fantasmas de la memoria distorsionada por el odio y la venganza, por ideologías de la colonización y el exterminio, por diferencias cosmológicas y aún por relaciones con dioses diferentes.
Cuando el recuerdo no es grato, la vida entristece. Cuando el dolor del pasado vivido petrifica el caminar, se dificulta el porvenir. Es pertinente la globalización de una memoria universal que defienda la vida, reinterpretar el pasado con un claro propósito, aprender de las lecciones de la historia, superando los peligros de la memoria no inventariada que invita a la retaliación, a la venganza y a la muerte. No puede la vida florecer enraizada en los oscuros laberintos del dolor y la tragedia. Sin desconocer para nada las reivindicaciones que los empobrecidos de la tierra demandan, consideramos que ninguna de las contradicciones humanas amerita el derramamiento de sangre.
Las ESPERE, comprenden la necesidad de avanzar en la constitución de pactos, que hagan visibles los esfuerzos universales por dar cabida en las mentes y los corazones de pueblos y gentes en el mundo, caminos alternos al odio y a la retaliación, de profundizar las venas del perdón y de la reconciliación.
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