El gran reto para Colombia: Superar la cultura de la venganza *Publicado por el periódico Portafolio.

Limpie bien las partes, es la primerísima instrucción que traen los pegantes. Igual vale para la reconciliación de los Colombianos: la paz pasa por limpiar bien las partes infectadas por años de rabias, rencores y ganas de venganza.

El informe de Memoria Histórica del 2013 describió a Colombia como una sociedad fracturada, y lo peor, infectada con el virus persistente de “memorias sin futuro que toman la forma extrema de la venganza, la cual a fuerza de repetirse niega su posible superación (…) En efecto, la venganza parte de la negación de la controversia  y de la posibilidad de coexistir con el adversario…Es la negación radical de la democracia”.

Transformar estos odios acumulados y la urgencia de retaliación que ellos generan, es sin lugar a dudas, un factor crucial para la superación de la violencia en Colombia. No limpiar las partes infectadas de este corazón herido es perpetuar el eterno retorno de lo mismo.

Del modo más elemental, rabia-miedo son la respuesta instintiva que los humanos manifestamos ante una amenaza, o ante una agresión. Cuando no se logra superar esa rabia, en breve, el recuerdo de la ofensa, se convierte en rencor y cuando no se logra curvar el rencor y  transformar la memoria triste de la ofensa,  muy pronto se cae en la urgencia de retaliación/venganza, momento en que comienza a escalarse peligrosamente la violencia. Se trata del fenómeno paralizador de las 3Rs: rabia, rencor y retaliación.

Una herramienta poderosamente sanadora es el perdón,  a la vez,  medicina y fuerza política que –por fortuna- poco a poco ha ido ganando fuerza en Colombia. Miles de víctimas han descubierto que el perdón reconstruye su dignidad, no les cambia el pasado pero si el futuro. Las víctimas están entendiendo que si no perdonan se quedan eternamente victimas. Cuando perdonan realizan un acto heroico – un salto cuántico- que les ayuda a transitar de la urgencia de retaliación a la compasión. Por eso: quien perdona, evoluciona.

Muchas víctimas se niegan al perdón porque no logran superar cuatro errores. Primero: el perdón aunque es una decisión personal por ningún motivo es simplemente un acto intimista. Por el contrario, es un ejercicio exquisito de democracia y por lo mismo, es una acción política porque  posiciona el dolor de la víctima en la polys y desde allí, lo supera. Así, el perdón gana fuerte valor moral, ético y político porque tiene a la base un criterio central: el respeto a la suprema dignidad de la víctima y del ofensor.

Quince años de práctica en tecnologías del perdón en la Fundación para la Reconciliación, ha enseñado que es bueno que las personas ofendidas por un cierto tiempo hagan duelo y sientan rabia por las ofensas. Sin embargo, esas mismas personas agradecen cuando alguien –al igual que el buen médico obliga a ciertos tratamientos difíciles- las invita a transformar sus rabias-rencores-retaliaciones en bondad y compasión.

Un segundo error es condicionar el perdón a las disculpas del ofensor. El perdón es un acto de bondad (o de don) que no depende de las disculpas del ofensor. Es una decisión personal para sanar y dejar de sentir rencores que enferman y a la larga también matan.

El tercer error es creer que proponerle el perdón a una víctima es imponerle todavía más carga y dolor.  Por el contrario, el perdón libera, oxigena, aligera, sana. Quienes perdonan son personas saludables y hermosas.

Un cuarto error es pensar que el perdón es olvidar, o negar la justicia  o abrazarse con el ofensor. No. Perdón es un ejercicio de desinfección interior. Es un spa para la vida…

Los países que más recientemente salieron de conflictos y violencias (Sud África, Mozambique, Ruanda, Salvador, Honduras, Nicaragua) siguen registrando altos niveles de violencia, en algunos casos, mayores a los que se vivían durante el conflicto. Ello se debe a que adicional a que no han respondido a las necesidades objetivas (eliminación de la pobreza, segregación y desigualdad) no han logrado instalar prácticas populares de respuesta a las necesidad subjetivas de la paz o sea la superación de la rabia, rencor y retaliación (3Rs).

Si Colombia no desea encontrarse en la misma o peor situación de violencia dentro de 15-20 años  deberá resolver este tema, trágicamente todavía poco valorado en las ciencias sociales y políticas. Familia y escuela jugarán un rol fundamental. Es allí donde la prevención gana toda su fuerza. Gastar un dólar en prevención ahorrará 7 dólares en intervención, dicen los expertos.

No obstante que el plebiscito sancione los Acuerdos de Paz con las FARC muchos colombianos que estaban por el NO, seguirán urgidos por esa fuerza destructora  de las 3Rs que vaga por nuestros cerebro primitivo,  y  los llevará–ojalá no- a volver a la violencia y a las armas. El trágico eterno retorno de lo mismo.

 

Leonel Narváez Gómez
Presidente Fundación para la Reconciliación

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