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“Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenan la alegría de hacer y la traducen en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.”

 Eduardo Galeano.

Con frecuencia, las comunidades, familias y empresas se ven abocadas a enfrentar conflictos interpersonales, violencia social, cultural y simbólica, pero ¿qué hacer ante estos eventos?, ¿cómo transformar las narrativas y actitudes que refuerzan estas prácticas y evitar que vuelvan a ocurrir?

Alcanzar una armonía social, en la que los sujetos tengan una elevada conciencia de la consecuencia de sus acciones, además de habilidades ciudadanas para el manejo de conflictos desde una perspectiva restauradora y dialógica, sería quizás una ruta acertada para superar las secuelas de los conflictos sucedidos y aprender a manejar y/o evitar los futuros. 

Esta ruta implica transformar:

  • Narrativas.
  • Imaginarios.
  • Actitudes que han sido naturalizados históricamente.

En la Fundación para la Reconciliación, consideramos que es posible promover cambios culturales partiendo del quehacer cotidiano, promoviendo reflexiones y ejercicios prácticos que inviten a superar la parálisis que genera la violencia en las víctimas y victimarios. La cultura de venganza o de la retaliación, es una de esas parálisis y contribuye altamente al escalamiento de las violencias.

Desde el año 2003, en la Fundación para la Reconciliación, venimos experimentando con creciente éxito la promoción de Cultura Política del Perdón y de la Reconciliación tanto en escenarios comunitarios, como en la familia e instituciones educativas.

Este planteamiento tiene por un lado la fortaleza de ser un ejercicio de prevención, pero a la vez de posicionamiento de una nueva Cultura Política, que opte por la justicia restaurativa, el manejo emocional, el diálogo, el respeto por la diferencia, la memoria y el cuidado.

Durante estos 15 años hemos llegado a más de 2.200.000 personas en 19 países, en donde se han replicado nuestra metodología bandera Escuelas de Perdón y Reconciliación, y avanzado en diversas publicaciones e investigaciones que nos convierten en líderes en la promoción del Perdón y la Reconciliación como habilidades ciudadanas, cruciales para la construcción de paz.

¿Qué se entiende de perdón y cómo lo entiende nuestra institución?
Es un proceso de introspección que busca que el ofendido resignifique la memoria ingrata de una ofensa y recobre su seguridad mientras define cómo actuar ante lo ocurrido, ya sin rencor ni deseos de venganza, potenciando sus relaciones, proyectando su perspectiva sobre la vida y adquiriendo habilidades para el manejo de conflictos.

El Perdón tiene dos hermanas: la justicia que restaura y la compasión que fortalece. De hecho, el perdón es la auto-restauración más poderosa que un damnificado puede convidar. Sin este proceso, la víctima se queda víctima para siempre.

 

¿Qué es la Cultura Política de Perdón y Reconciliación?

En las últimas dos décadas, las ciencias sociales comenzaron a recuperar un elemento indispensable para la paz duradera: la cultura política o cultura ciudadana de perdón. Mucho se habla de reconciliación y poco de perdón. Se cree erróneamente que el perdón es solamente un recurso religioso. A futuro, en el proceso de evolución de los pueblos, cuando los humanos superemos el cerebro arcaico todavía condicionado por la culpa y el castigo, entenderemos que el perdón es una virtud política. Nos atrevemos a predecir que el perdón llegará a ser un derecho humano, indispensable para el buen vivir de los pueblos y para la plena realización de la dignidad humana. Se perdona en razón de la dignidad suprema del ofensor, decía la famosa autora Hannah Arendt.

Sin negar su importancia, es más fácil y políticamente más rentable, buscar superar las causas objetivas de la violencia: empleo, salud, educación, vivienda, entre otras; que superar los rencores y las urgencias de venganza que sobreviven después de largos conflictos, como es el caso colombiano. Lo peor es que este aspecto es ignorado y está escondido en el inconsciente colectivo.

No se logra aún entender que la cultura ciudadana de perdón es una poderosa estrategia sociocultural y política para facilitar la implementación más fluida y pacífica de los procesos de justicia, verdad, reparación y garantías de no repetición.

La Cultura Política de Perdón y Reconciliación, es el conjunto de prácticas, significados, pensamientos y actitudes que plantean una relación sociopolítica de equilibrio entre los miembros de los grupos sociales, potenciando el respeto, la diferencia, la empatía, la restauración, el cuidado como valores de un nuevo paradigma ético, político y cultural.

Asumiendo que los individuos que componen un grupo social tienen una actividad política y por lo tanto pública, los valores del Perdón y la Reconciliación se ofrecen como el conjunto de prácticas y valores que potencian la vida social. Potencian porque favorecen un encuentro ético entre quienes por diversas circunstancias están separados y divididos.

La Cultura Política de Perdón y Reconciliación, se ofrece como el instrumento para potenciar la vida social, para facilitar relaciones de poder equitativo, para orientar la vida social en beneficio de la cooperación, la solidaridad y el cuidado como marcos de desarrollo.

 ¿Para qué se promueve?

El principal interés de promover una Cultura Política del Perdón y la Reconciliación radica en difundir prácticas de inclusión, respeto, valoración y reencuentro como estrategias válidas para el fortalecimiento de la comunidad. Una sociedad con un tejido y un capital social débil se convierte en escenario propicio para que las actividades corrosivas como la inseguridad, el vandalismo, la corrupción, el clientelismo se preserven y elogien como instrumentos útiles para el desarrollo y la promoción social.

Se pretende facilitar una pedagogía política, promover escenarios de encuentro para la discusión y la comprensión de la historia, los instrumentos que la acompañan, las formas como los sujetos se involucran activa o pasivamente, para que desde allí se retome el poder ciudadano y se potencie el proceso de exculpación (no sólo hacia los funcionarios públicos), sobre todo hacia la forma como cada habitante se reconoce parte del desarrollo nacional.

 

 ¿Cuál es su propósito?

Reconociendo que el ejercicio de poder y lo político son dimensiones del ser humano que se ponen en acción en la vida social, el Perdón y la Reconciliación como Cultura Política buscan fundar un nuevo esquema de desarrollo social y comunitario de reencuentro, transformación y sanación. Bien lo dijo Arendt (2005) “El perdón es una virtud política por cuanto desarrolla facultades: hacer y mantener promesas a la vez que perdonar y ser perdonado”; facultades que potencian el desarrollo de las sociedades debido a que nos convocan a vivir juntos, a la proximidad, a la superación de las diferencias, a la potencialización de lo humano, al aprendizaje de los errores y las dificultades.

Asumir el Perdón y la Reconciliación como cultura política es promover un nuevo paradigma social en el que se potencie la participación, y se evalúe la vida pública no desde lo que otros hacen, sino también desde lo que cada quien promueve y genera en la vida diaria, en el encuentro vecinal y comunitario.

¿Cuál es el proceso que se propone para fomentar Cultura Política de Perdón y Reconciliación?

Con el ánimo de potenciar la capacidad de agencia generando espacios para el empoderamiento, primero, invitamos a vivir una experiencia personal de aprendizaje de las herramientas del Perdón y la Reconciliación.

A partir de las reflexiones generadas y de transformación en prácticas diarias, se espera que los valores de la comprensión, el manejo emocional, la empatía, la valoración de la diferencia, el diálogo, el respeto, la restauración, la memoria en acción, y la participación, se empiecen a incorporar tanto en todos los niveles de relacionamiento cotidiano.