Este proyecto surge como una iniciativa de la Fundación, en poner a dialogar el perdón y reconciliación en el momento histórico – posconflicto- que atraviesa el país, colocando en el centro del diálogo la voz y la experiencia de las víctimas del conflicto armado interno.

Para ello, se realizó un diseño conceptual y metodológico que permitió cualificar la propuesta pedagógica ESPERE a las necesidades y realidades de las víctimas de nuestro país; de manera simultánea se construyó una caracterización para focalizar las organizaciones con la que queríamos trabajar, lo que permitió presentar la propuesta del proyecto ante 10 organizaciones de víctimas, ejecutándose con 4 organizaciones de víctimas y 2 grupos de víctimas.

Los daños que ha generado el conflicto armado interno en las víctimas del conflicto armado, se ven representados en diferentes áreas de índole emocional, sociocultural, político y moral, generando fragmentaciones algunas veces difíciles o imposibles de reparar. El tipo de afectaciones que genera la violencia incurren tanto en el plano individual, familiar y comunitario.

A nivel emocional, las víctimas han sido afectadas por las prácticas de sevicia que se ejercen en la guerra y que recaen sobre sus emociones y por ende en sus memorias, las cuales quedan permeadas por el recuerdo de atrocidades sobre sus vidas y la de sus familias, dejándolos en algunas ocasiones sin hallar la manera de afrontar, reelaborar y asumir aquellas experiencias traumáticas.

Ante ello, el último informe del Centro Nacional de Memoria Histórica señala que, “el clima de terror que los actores armados instalaron en muchas regiones del país con acciones como las masacres, las torturas, las desapariciones forzadas, los asesinatos selectivos, la violencia sexual o los reclutamientos ilícitos, llevó a que las personas experimentaran sensaciones permanentes de amenaza y vulnerabilidad. El mundo se tornó inseguro, y las personas se vieron obligadas a desplegar mecanismos de protección como el silencio, la desconfianza y el aislamiento. Esto modificó sustancialmente las relaciones comunitarias y familiares.” (CNMH, 2013, p. 263)

Se puede decir que las fracturas emocionales son una de las afectaciones que generan mayores impactos negativos en las víctimas, ya que limitan de manera directa las posibilidades en las personas de reelaborar y reconstruir sus proyectos de vida, es decir, cuando una persona es paralizada por el miedo que le ocasiona lo vivido, la angustia por la incertidumbre ante las fracturas generadas a su proyecto de vida, la culpa y la vergüenza por no haber podido hacer nada ante la pérdida de familiares, el estigma social por llevar marcada la guerra en sus cuerpos; el odio y la rabia producto de las injusticias perpetradas en ellos y ellas y la impunidad ante la invisibilización de los crímenes o la no judicialización de los victimarios.

Frente a ello, la Fundación para la Reconciliación considera que la Cultura Política de Perdón y Reconciliación son una estrategia inminente para generar condiciones reparadoras frente aquellas consecuencias subjetivas que fracturan al sujeto y su tejido social, las cuales tienen escenario en la apuesta pedagógica de las Escuelas de Perdón y Reconciliación para víctimas del conflicto armado, en donde las emociones y sentimientos que dejan los hechos violentos se encuentran frente al perdón como proceso personal, que permite resignificar la experiencia violenta y a partir de ellos lograr una perspectiva nueva sobre la vida, sobre sí mismo y sobre quien le ofendió, y desde esta condición poder acercarse a un ejercicio comunicativo que permita opciones de reconciliación entre la víctima y quien le generó el daño.

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